Un padre solo y triste espera

Escrito el 2 jun 2013 - 11:56am por Luis Ventura

Cuando uno lo ve y lo escucha se le parte el alma: “Mi hijo todavía no se dignó venir a verme…“. Estas fueron las palabras cansadas, resignadas y apocadas de un atribulado padre que sigue callando la vergüenza y el dolor que le provoca la vida de su afamado hijo.

Don Diego

Por: Luis Ventura

El de los grandes pergaminos, el dueño de los laureles deportivos pero también el protagonista de los mayores escándalos internacionales, el que balea con un rifle a periodistas, el que le tira baldazos de agua a la gente y más recientemente el que apedrea a fotógrafos y camarógrafos que deseaban registrar su regreso al país.

¡Pobre don Diego! Ese morocho de piel curtida por las inclemencias de su vida, ese señor octogenario que siempre llenó de orgullo y amor a sus hijos, ocho en total, entre los cuales se encuentra el glorioso campeón del mundo Diego Armando Maradona. El mismo que distinguió a su padre como el ser más maravilloso del planeta y de quien dijo que jamás le faltaría algo.

¡Cuánta hipocresía y cuánta falsedad para las cámaras y la imagen pública tan desgastada por sus barbaridades que hoy condenan a la depresión a su propio padre! Porque el Maradona de las fotos, los tapados de chinchillas y las novias más polémicas, el mismo negador de hijos engendrados alegremente para ignorar luego sus identidades, es el que hoy no puede esconder la angustia que le genera a su pobre viejo, el desalojo de su casa de Cantilo al 4400 en el barrio porteño de Villa Devoto, donde vivió con doña Tota, su amada mujer, los últimos tramos de su vida.

Su idea comercial e inmobiliaria es llevarlo a otra casa más austera en la que don Diego ya expresó que no quiere vivir.

Entre gatos y medianoches, Maradona habla de la salud de su padre que sabe que está debilitado por la ausencia de algunos hijos y otros nietos que solo lo dejan a buena de la vida, sin que todos esos miles y miles de dólares que se facturan tengan en cuenta el destino de este buen anciano que sigue esperando que su afamado hijo, se digne a verlo entre tanta cháchara, hechos de soberbia y arrebatos de violencia y autoritarismo. Ojalá le dure muchos años don Diego…

¡Qué lindo sería tener a un padre como el que tiene Maradonasin que lo disfrute! Es indudable con lo que muestran los medios que Dios le da pan a quien no tiene dientes. (SÁBADO SHOW)