Hay temas, nombres y situaciones en que las que la razón me sugiere que no me meta. Pero el corazón y lo que burbujea en el pecho me señalan otro camino y eso me cuesta controlarlo, manejarlo.
Esto tiene que ver con las despedidas de gente como Estela Raval, Ethel Rojo y recientemente Juan Alberto Badía.
¡Qué fácil sería para mí cerrar el pico y mirar para otro lado! Hay tantos temas… ¡Pero no! Voy a escribir de lo que quiero escribir.
Porque la muerte de un referente de los medios como fue Badía redimió sentimientos y actitudes que al locutor y animador lo hicieron sufrir, angustiarse y hasta rebelarse en más de una ocasión. Porque asistimos hasta el hartazgo de homenajes, biografías, retrospectivas y racontos históricos que no siempre tuvieron la frescura, la naturalidad y el cariño que su figura pudo haber merecido.
¿Por qué digo esto? Muy simple, porque una de las pantallas en la que más se explotó la muerte de Badía fue justamente la de Canal 13, en Argentina, que hasta modificó horarios del “prime time” para reacomodar conveniencias de rating sobre el recordatorio de Badía, el mismo profesional al que supieron despedir en una especie de destierro televisivo que durante décadas no le permitió volver a esa misma empresa que hoy lo venera, lo honra y se olvida de todo lo que él sufrió por aquella despótica decisión.
Y lo mismo pasó con medios que hicieron carreras de velocidad para ver cual era el primero que confirmaba la noticia del deceso de Juan Alberto, que de la tarde hasta pasada la medianoche, fue anunciada y desmentida varias veces. Y lo mismo pasó con muchos comunicadores que estando en vida el propio Badía, lo condenaron, lo criticaron y fueron muy duros con su trabajo… Los mismos que hoy llevaron adelante las biografías y los recuerdos del mismo hombre al que no le perdonaron una sola.
¡Cuánta hipocresía disfrazada de cariño! Porque tampoco quiero ser injusto con una figura como Badía para que alguno deje de honrarlo en su último adiós y también en su recuerdo, pero me pregunto por qué en vez de homenajearlo tanto ahora no lo hicieron cuando vivía o le ofrecieron trabajo cuando no la pasaba todo lo bien que muchos creían.
Que lo homenajeen, que lo veneren, que lo halaguen… pero que no trafiquen con los sentimientos y los recuerdos bien entendidos de quienes sintieron con tristeza y dolor el adiós de Juan Alberto Badía, como también lo hicieron con Ethel Rojo antes y Estela Raval otro poco antes. Pensalo. (SÁBADO SHOW)

















