El momento más temido, murió mi viejo

Escrito el 11 mar 2012 - 1:37pm por Luis Ventura

Don Antonio hace unos años con sus nietos Facundo y Nahuel

El silencio de esa misma casa en la que me crié se vuelve ensordecedor porque ya no estás. Todo me agrede. No hay música, murmullos ni sonidos que me cobijen. Tu silla quedó tremendamente vacía, tus melodiosos cuadros no me trasmiten sensaciones, la persiana baja del comedor me deprime, la radio apagada sin el tango de Gardel en Radio CLARÍN me deja solo y hunden la daga de tu ausencia en nuestras vidas.

Te fuiste sin explicarnos ¿por qué?… Y aunque traten de justificarme los ciclos de la vida, de una partida hacia un mundo mejor, la cruda y pura verdad me dice que el dolor, la llaga y la herida abierta se apoderan de mis sentimientos y todas las emociones. Vos ya no estás.

Murió Antonio Ventura decía la devastadora noticia del informativo, pero nunca una información tan cercana nos impactó como ésta. Porque hablaban de mi viejo y querido padre de 85 años de edad, que con el correr de las horas convirtió todo nuestro presente en recuerdos. Mi verbo quedó en pretérito y la mirada cautiva al pasado.

Esa misma vida que vos nos enseñaste a recorrer mirando a los ojos y siempre hacia delante, nos dejó viendo hacia atrás recuperando aquellas perdidas por otras nuevas que vos mismo nos hiciste dibujar. Porque allí estabas vos, papá, y hoy no te tenemos.

Para todo el mundo fuiste un histórico de la gráfica rioplatense, un profesional que marcó un estilo de entender el periodismo en el papel y con tinta impresa. Para mí, fuiste y serás otra cosa, un hombre excepcional. El mejor del mundo. El más feliz y el mismo que cerraba su puño para defenderme de los peligros, de la injusticia, de la envidia, de la maldad. Pero también el mismo que abría siempre su mano para darnos, para entregar su generosidad, su sabiduría, su paz y su fe.

Sólo quienes supimos acompañarte en tus últimos días, en tus semanas finales, sabemos de tu abnegación, voluntad, de tu enorme corazón para aguantar lo insoportable de una y mil afecciones promovidas por un cuerpo que después de irradiar salud y calidades durante décadas, entró de golpe en crisis hasta que el silencio te tapó. No hubo plegaria, ni medicina, médico ni dioses que entendieran lo que yo necesitaba que te quedaras, pero te fuiste y mi cabeza quedó llena de aturdimiento y mi corazón ahogado de dolor.

Ya no te tengo y lo lloro sin cuartel. No encuentro consuelo ni explicación porque yo te amé como sólo a mi madre supe hacer. ¡Ayyyy, mi viejo y querido viejo! Cuánto dolor sin resolver. Ya no te encontraré para repasar la tapa de el diario “El País”, “Crónica” o la revista “Paparazzi” y profundizar sus titulares.

Tampoco estarán los naipes, el retruco y la falta envido acompañados de un vino, un pedazo de pan con queso ni la última noticia de tu entrañable Club Atlético Lanús. Ni tampoco querrás saber cómo le fue a nuestro eterno y estoico Miramar Misiones, en esa liturgia casi semanal del equipo del tío Albertito…

¡Cómo te vamos a extrañar, “Pelado”! Tus hijos, tus nietos, tus nueras, tus primos, tus sobrinos, tus amigos, tus compañeros, tus colegas, tus vecinos y todos los que conocimos tus dones de persona te llevaremos en nuestro corazón y nuestra memoria. Chau, viejo, hasta siempre, señor Antonio Ventura. (Luis Ventura – SÁBADO SHOW)