En estos “Tiempos Modernos” televisivos, al decir del gran “Carlitos” (Chaplin), la memoria se ha convertido en una gran “desmemoria” transcurridos apenas minutos, ni siquiera horas, de una declaración, una entrevista o como ahora está de moda un Reality.
“Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor,
ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador…
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
Lo mismo un burro
que un gran profesor”.
Tal la letra que Discépolo en 1935 en el tango “Cambalache” popularizó y acunó esta popular frase que 75 años después recobra un inusitado vigor cuando uno ve, lee o escucha a personajes como Graciela Alfano que a pesar de las barbaridades y atrocidades que ha hecho y dicho sobre personas y personajes paseándose por los más variados programas en una interminable lista de casi desconocidas que con tal de aprovechar el minuto de “fama” que les da un micrófono y una cámara suelen disparar cualquier improperio contra gente con años de trayectoria sin importar en lo más mínimo la misma.
No es por aquello de que todo tiempo pasado fue mejor ni mucho menos, sino simplemente porque a la hora de evaluar y valorizar a quienes son convertidos en pseudo figuras hoy los valores para ello han cambiado.
La generación de artistas de antaño debía poseer una serie de cualidades para acceder a tal jerarquía. Hoy alcanza simplemente con decir algunas barbaridades que al rato serán olvidadas y ni siquiera importará si afectaron a alguien en el camino.
Como la vida misma, donde la mentira y la traición conviven a la vuelta de la esquina y los y las cholulas hacen cualquier cosa con tal de tener un espacio en la farándula a costa de cualquier acción debida o indebida.
Ni olvido, ni perdón, fue la frase popularizada en Argentina en la década de los setenta a raíz de hechos de pública notoriedad que afectaron a estas latitudes.
Y aunque no lo parezca y a pesar de todo este cambio mencionado anteriormente, hay un momento en la vida misma donde todas las mentiras, barbaridades y sandeces dichas ligeramente pasan a un segundo plano y finalmente la verdad flamea, casi altanera, y acomodando los zapallos (y algunas “zapallas”) en el cajón.
Afortunadamente aun continúa siendo, a la larga o a la corta, de esa manera. En el Jet Set y en la propia vida. Todo llega y la verdad, generalmente, sale a luz.
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